Es una técnica utilizada para el diagnóstico de la angina de pecho en pacientes con dolor torácico. También se emplea para valorar la respuesta del corazón ante el ejercicio (frecuencia cardíaca, respuesta de la presión arterial, aparición de arritmias, etc.).
Esta prueba consiste en la realización de ejercicio físico en un tapiz rodante o bicicleta estática de acuerdo con unos protocolos predeterminados. Este esfuerzo es controlado con monitorización continua y mediciones periódicas de la presión arterial (cada tres minutos).
En ocasiones, puede combinarse con técnicas de imagen (ecocardiografía o gammagrafía cardíaca) para mejorar su capacidad diagnóstica.
El paciente debe permanecer sin fumar y en ayunas. No se debe ingerir ningún alimento ni beber cualquier tipo de líquido, entre las tres o cuatro horas previas a la prueba. Si la prueba se realizará a horas muy tempranas de la mañana, consulte a su médico si debería tomar algo de azúcar para evitar una hipoglucemia. Las veinticuatro horas antes de la prueba no debe tomar cafeína de ningún origen (café, té, refrescos, chocolate, bebidas energéticas, entre otros).
No es necesario tomar ningún medicamento previo. Se debe comunicar al médico todas las medicinas que se toman habitualmente y él decidirá cuáles suspender o mantener, especialmente si tomas fármacos contra la epilepsia, enfermedades psiquiátricas, antiarrítmicos o relajantes musculares. No debe tomar medicamentos contra la impotencia sexual cuarenta y ocho antes de la prueba (como el sildenafilo y derivados).
La ergometría no está recomendada en el embarazo o lactancia. No es una prueba que se realice mucho en esas situaciones, ya que algunas constantes biológicas están alteradas de por sí durante estas etapas.
La ergometría permite reproducir la angina (es un dolor o molestia en el pecho que se siente cuando no hay suficiente irrigación sanguínea al músculo cardíaco) de una forma controlada para poder diagnosticarla.
Antes de iniciar la prueba, los médicos registrarán su presión arterial y su pulso. Seguidamente le colocarán unos electrodos para poder registrar la actividad eléctrica del corazón antes de que comience a hacer ejercicio (lo que se denomina electrocardiograma en reposo), mientras realice el ejercicio y durante unos diez minutos después del ejercicio.
A los pacientes que no pueden realizar ejercicio físico debido a cualquier causa les será administrado un fármaco que simulará los efectos del ejercicio físico en el organismo.
Tras esto, se iniciará el ejercicio de forma suave.
En el protocolo más empleado, cada tres minutos el nivel de esfuerzo será incrementado de forma automática para que el corazón se vaya acelerando hasta llegar a la frecuencia cardíaca deseada. En el momento en el que el paciente no pueda continuar con el esfuerzo, este debe comunicarlo al médico. Entonces, la prueba se detiene de inmediato y se pasa a la fase de recuperación, durante la cual le pedirá que se acueste o se siente y descanse.
Es muy importante que se intente realizar el máximo esfuerzo posible para que los resultados de la prueba sean fiables. Si en algún momento se detecta alguna arritmia grave, alteraciones en la presión arterial, alteraciones en el electrocardiograma o el paciente experimenta angina de pecho progresiva, la prueba también se detendrá.